Investigaciones en Fauna Silvestre en Costa Rica: ¿Dónde nos encontramos?

Por Carmen Niehaus

Llevar a cabo un abordaje ecosistémico de la salud en fauna silvestre de un lugar implica tener conocimiento de los potenciales patógenos que existen en un ambiente, así como las prevalencias de enfermedad (directas o indirectas) presentes en la región. Recordemos que enfermedad no es lo mismo que infección, infestación o exposición a tóxicos; esto va a depender de la dosis y la patogenicidad del agente, así como de la aptitud (fitness / idoneidad) del hospedero (y de su población).

El monitoreo de enfermedades nos puede ayudar a discernir aquellos agentes que forman parte de la flora natural de una especie, o que representar patógenos para otra. Actualmente, la presión antropogénica sobre los ambientes naturales está incrementando el potencial de los patógenos para persistir y concentrarse, así como el grado de patogenicidad para algunas especies. Sin embargo, también contamos con mejores equipos y técnicas diagnósticas que nos confieren una mayor sensibilidad de detección de agentes de enfermedad.

Entonces, ¿qué debemos monitorear? Durante brotes de enfermedad, debe ser intuitivo, basándose en las lesiones y signos clínicos observados en los animales (fluidos específicos, órganos clave en necropsias). En muestreos rutinarios, idealmente se debe muestrear todo lo posible (suero, sangre, heces, pelo, tejido, hisopados, toxinas), sin embargo, el presupuesto es la mayor limitante, por lo que deben tomarse prioridades. Guardar muestras en congelación puede ser clave para elucidar preguntas en el futuro (Ej. El caso de distemper canino en leones del Serengeti fue resuelto al compararse con prevalencias de infección en muestras recolectadas años atrás). ¿Cómo monitorear? De lo posible, debe mantenerse colaboración abierta con laboratorios que tengan técnicas diagnósticas estandarizadas, considerando costo-beneficio.

Algunos protocolos y reactivos pueden donarse y trasladarse a centros de rescate alejados, para permitir el diagnóstico de ciertos agentes. Buscar fondos permanentes y el compromiso del gobierno, promoviendo el término de “una salud” entre los actores (ganaderos, salud pública) para mantener proyectos de vigilancia integrales. ¿Qué especies monitorear? Aquellas especies con preocupación particular en el ecosistema, por ejemplo, bioacumuladores (carnívoros) y otras asociadas (presas), o aquellas que cumplen un papel ecosistémico importante (polinizadores, dispersores de semillas), relacionadas a humanos (fuente de alimento, conservación). Cada individuo es importante; el monitoreo al final de cuentas, se basa en la recopilación de datos de individuos que reflejan el estado de sus poblaciones y ecosistema. Debe acompañarse de análisis estadísticos que ayuden a darle precisión a los datos. Toda esta información debe tomarse en cuenta en casos de traslocaciones de animales, incluyendo a participación de veterinarios entrenados en epidemiología y evaluación de riesgos (para la población y especies simpátricas).

Finalmente ¿qué hacer con los datos? Los estudios por más interesantes que sean, si no se comparten no tienen valor. Debe reportarse a los actores involucrados (gobierno, finqueros que prestaron el área de estudio, fondos, etc.) y pensarse en publicación científica, pensando en los estándares éticos, como la propiedad intelectual de los datos (acordarse desde un inicio).

Con todo esto, ¿cómo estamos en Costa Rica? La mayoría de publicaciones han sido basadas en cautiverio, muy pocas en vida libre, de las cuales son principalmente diagnóstico básico de agentes infecciosos o tóxicos. Algunos estudios en CR son llevados a cabo por investigadores extranjeros y publicados fuera sin dar a conocer los resultados en el país ni continuar un esfuerzo de conservación, y en otros casos, estudios ticos no se llegan a publicar. Sin embargo, no se han indagado las causas subyacentes, prácticamente no hay estudios de ecología de enfermedades.

En el país existen limitantes para investigar, desde los altos costos y baja incentivación de los estudiantes, hasta la falta de colaboración entre grupos de investigadores, escuelas o instituciones. Nos falta terreno, pero existen grupos, como Awá, que están tratando de dejar esas diferencias de lado y buscando rescatar esa colaboración. Al fin y al cabo, para aplicar la medicina de la conservación deben dejarse las diferencias de lado y trabajarse de forma transdisciplinaria y con apoyo interinstitucional.

Así que si tienen ideas de investigación en mente, empiecen por acercarse a aquellas personas que les han abierto las puertas en vez de cerrarlas, o exíjales colaborar con otras personas que considere clave… las cosas fluyen mejor en colaboración abierta. Hay mucho que investigar en Costa Rica. Si quiere conocer un poco más de los proyectos que estamos desarrollando con Awá, pregúntenos! 😀

Leave a Comment