El rol de los micromamíferos como reservorios de enfermedades

Por Carmen Niehaus

Se consideran reservorios a aquellas especies esenciales para el mantenimiento y la transmisión de un agente infeccioso. Pueden ser naturales, es decir que normalmente están presentes en el ciclo natural de transmisión, o accidentales, las cuales pueden infectarse de forma accidental y luego transmitirlo. Más de una especie puede funcionar como reservorio natural en el mismo ecosistema (por ejemplo, diferentes especies de aves para el Virus del Nilo Occidental – WNV).

La identificación de reservorios de enfermedades emergentes es clave en la comprensión de la transmisión y el control de las mismas. ¿Qué criterios apuntan a un reservorio? El agente debe aislarse de individuos de la especie en cuestión; deben detectarse ácidos nucleicos (ARN/ADN) en una proporción significativa de la población, y debe haber evidencia serológica (anticuerpos) de que una proporción significativa ha estado expuesta anteriormente. Otros requisitos incluyen la detección de ácidos nucleicos en muestras biológicas (tejidos, fluidos), la exposición y supervivencia al agente. La inoculación experimental debe producir infección (visible por medio de histopatología) y excreción del agente (poder aislarse de muestras biológicas). Por último, la evidencia experimental de transmisión del agente entre la misma especie es otro criterio de especie reservorio.

Los murciélagos se consideran aptos reservorios para varias enfermedades debido a algunas características: larga longevidad para el tamaño corporal, periodos de torpor/hibernación prolongados, capacidad de vuelo (dispersión), comportamiento gregario, altas tasas de contacto favorecen transmisión, grandes poblaciones, y hábitos peri-domésticos que les facilitan contacto con humanos. Los murciélagos se han asociado con enfermedades que producen alta mortalidad en humanos (SARS, MERS, Ebola, Hendra, Nipah, Marburg…), por lo que ha orientado a grandes esfuerzos de muestreo e investigación.

Por otra parte, los roedores han estado implicados en enfermedades como la plaga, tifus murino, fiebre Tsutsugamushi, leptospirosis, fiebre hemorrágica por Hantavirus, etc. Además, varias poblaciones son conocidas como invasoras a nivel mundial (Rattus rattus, R. norvegicus, Mus musculus) y el ser un grupo tan diverso, les confiere la facilidad de albergar diversidad de especies de virus.

Algunas especies son particularmente más importantes que otras, teniendo los ambientes y paisajes mucha influencia en su distribución y densidad poblacional, por ejemplo, la hipótesis de la cascada trófica, en la cual el aumento de precipitación aumenta la producción primaria y por lo tanto la abundancia de roedores.

Los estudios en reservorios de enfocan en medir varias cosas: la distribución geográfica del hospedero, del patógeno (en esa población del hospedero) y la distribución real del hospedero en el hábitat (preferencias específicas, ej. cerca de bordes de bosque). Luego, se pueden medir las dinámicas temporales en la infección y las variables ambientales asociadas (ej. fluctuaciones en densidad de hospederos, cosechas y casos de enfermedad en humanos). Posteriormente, con estos datos se pueden hacer modelos predictivos donde se integran y aplican los datos obtenidos por varios años, se identifican momentos y zonas específicas de riesgo y la mejor forma de intervenir, ya sea en el control de hospederos o la modificación de hábitat para controlar una epidemia.

Es importante tomar en cuenta todas las características mencionadas y hacer los estudios pertinentes para determinar si una especie es realmente reservorio o no, y si el control de la misma tendrá mayor impacto en el control de la enfermedad, o si debe hacerse desde el comportamiento humano, evitando apuntar y perseguir erróneamente a especies sin las pruebas y abordajes correctos de conservación.

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